Te oigo sonreír
detrás de cada silencio,
y el corazón va marcando
un compás lento por dentro.
Los latidos, vibrando,
me despiertan la piel,
anunciando el milagro
de volverte a ver.
Y te quiero así,
sin entender tus motivos,
te quiero así,
como se quiere al destino.
No importan las pausas, mi amor,
no sobra nunca tu voz,
si contigo el tiempo aprende
a decirnos que no.
Te oigo y lo noto,
como una nota lejana,
sé que me amas despacio
cuando tu calma me abraza.
Aunque la prisa nos mire
con su reloj de ansiedad,
tú me devuelves el mundo
a su ritmo natural.
Y te quiero así,
sin entender tus motivos,
te quiero así,
como se quiere al destino.
No importan las pausas, mi amor,
no sobra nunca tu voz,
si contigo el tiempo aprende
a decirnos que no.
Entre tu risa y mi sombra
se improvisa una canción,
tu silencio toca un solo
sobre mi respiración…
y todo vuelve a empezar.
Te oigo sonreír
cuando la noche me llama,
y con tu voz tan callada
me regalas tu verdad.
La primera…
la más cierta…
la de amarte sin pensar.
@Joaquín Lourido
Preciosos versos.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias Chema. Un fuerte abrazo.
EliminarHumor rima con amor, ambos deben ir juntos y luego pasar por este blog a leer poemas. Un abrazo
ResponderEliminarMuy bien pensado Ester. Muchas gracias por tu magnífico comentario.
EliminarUn fuerte abrazo.