No fue tu voz, ni fue la mía,
no fue el temblor de aquella melodía.
Fue la distancia que el mundo inventa,
esa frontera invisible que nos separa lenta.
Yo cantaba para un cielo herido,
tú para un cuarto sin testigos,
cada una en su rincón prohibido,
con el mismo sueño… distinto camino.
Y no faltaba verdad en el intento,
ni luz pequeña latiendo por dentro.
No nos conocimos,
no por falta de destino,
sino porque el ruido del mundo
ahoga a las que cantan sin padrino.
“…somos el eco escondido…”
que resiste en el silencio.
No fue el talento lo que faltaba,
ni la verdad que en la garganta hablaba;
fue el precio oscuro del escenario,
el muro frío del calendario.
Pero aun así cantamos,
como quien enciende un faro en lo lejano.
Y aunque nadie venga a nombrarnos,
la música nos sigue encontrando.
No somos ruido perdido,
ni sombra sin dirección.
Somos fuego pequeño encendido
fuera del foco y del salón.
Y aunque no escriban nuestros nombres
sobre mármol ni cartel,
cada canción que nace
nos vuelve a poner de pie.
No nos conocimos…
y aun así estamos aquí.
No fue el silencio el que nos hizo,
fue el canto lo que nos sostuvo hasta el fin.
Y aunque el mundo no nos nombre,
cuando dos voces resisten…
Sin pedir permiso.
@Joaquín Lourido
Me ha encantado, un canto maravilloso, sin conocer a alguien la proximidad se mide en sentimientos no en centímetros. Cada verso todas las estrofas son una joya . Abrazos
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo Ester. Esa es la esencia de que muchas veces tenemos incluso las cosas cerca y no hay emociones ni nada. Gracias por aporte gran amiga.
EliminarUn fuerte abrazo.
Muy bonito. Gracias Joaquín. Besos.
ResponderEliminarGracias Teresa por tu apoyo. Besos.
Eliminar