No hay jardines sin rosas

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Arder en viva llama, helarme luego
mezclar cerillas sin chispa y dulce canto
suscitar la risa en vez del llanto,
cuando por tu cuerpo
intentas distinguir niebla y brisa.

Confianza y temor, ansia y sosiego,
aliento del espíritu y quebranto
efecto natural, espejo mágico;
cauces de río y enebro de encanto,
ver que en mi, tienes un amigo
y contemplarme sin espanto.

La razón libre, lo inusitado
querer y no querer con amor;
energía y sustento del corazón;
ya no eres una adolescente;
-eres una mujer notablemente-.

No sabes cariño 
que el umbral del alma sabe e ignora
cruzar sin temer el mar bravo,

¿Quieres compartir lo sembrado?
No hace falta que me respondas
pues sin ti, no hay jardín ni Edén
_sin florecer las rosas_.


Quino © 2017
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