3,1416 como musa



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Esa noche la luna transitaba rápidamente. Era como si mil rayos la persiguiesen… esa luna llena, sencilla, mágica, tierna, nostálgica, sonora  penetraba en mi mente de una forma latente. No podía dar crédito -mientras miraba desde la terraza de la habitación- como ella mientras seguía su paso… unas nubes de algodón la besaban, la acariciaban, la mimaban al igual que la musa que dormía en la cama de dos por dos de un gran hotel de cinco estrellas en una isla conocida. Una noche muy intensa, de defectos, baladas, virtudes, corazones y almas en un entorno hechicero que desde el balcón de la habitación 31416 se esparcía como una sortija en el inmenso mar del enigma de un horizonte conocido. No sé porqué mis sentimientos se enmudecían, era incapaz de articular una simple palabra cuando al mismo tiempo sonaban canciones del Hole one , trinos de pájaros y sonidos ultrasónicos. Estaba en ese instante caminando en el cielo cada segundo, cada minuto, cada hora… No recuerdo el tiempo… ¿que importaba? Si la dulzura del amor no tiene baremos, ni medidas, ni fronteras. Ni distingue de razas, jardines, casas, joyas si escuchas a tu musa, a esa música, a esa color violeta del alma, al azul de la vida que si te dejas ir… entiendes por fin el significado de la ternura materna, de los abrazos no dados, de los besos que acarician el yodo y la brisa del mar por muy fuerte que esta sea (la musa susurró): 

- Me gustaría tener un hijo contigo…
- A mi también, pero ¿no crees que estamos en una edad avanzada para tal responsabilidad?
- Si, tal vez… pero en este momento, el amor que nos invade es tal que no me importaría…
- Princesa mía, ambos lo deseamos. No obstante debemos ser prácticos –seríamos abuelos- criando nuestro hij@ , ¿te gustaría?
- Esta noche es mágica. Tiene el encanto de la luna llena, nuestro amor habla por sí solo y sí, me encantaría… Dado que sería fruto del amor que nunca tuve hasta el momento presente.
- Te entiendo, cariño mío. Es más si pudiera parirlo, también lo haría. Mi sensibilidad genética materna – me lo permitiría -
- Es increíble amor como siempre me entiendes y orientas mi camino. Hasta en eso eres más femenino que yo…
- No es eso, amor mío… Somos biológicamente diferentes y si pudiese daría a luz, si con ello pudiéramos cambiar al mundo. La luna azul está ahí absorbiendo el agua que fraguamos, iluminándonos. Por eso sería estupendo que hablásemos con ella. Dado que forma parte de nuestro caudal de agua cristalina y alfaguara del embrujo y amor entre nosotros.


Pasamos la noche y la mañana íntegra como dos adolescentes que se adoran y se aman bajo la luz peculiar y tenue de una lámpara que emborrachaba nuestros ojos en cada instante. La ternura, la comprensión, la pasión, el calor corporal, los pálpitos del corazón, el roce entrelazado de los cuerpos, los cuencos de nuestras manos, los besos, los mimos, y la motivación eran tan homogéneos que despertamos somnolientos a la luz solar del medio día. No era el sexo por el sexo, las drogas, el gusto a lo desconocido de lo que cada día  nos promocionan en revistas, televisiones, cines o cualquier libro de esa índole. No, no. Era algo más que real. La textura de su piel, su boca maestra que abrasaba, los ojos que incidían y brillaban como sábanas blancas. las orejas que siempre escuchan, el aire que respiraba y la entrega como vida... Esa vida espiritual cargada de éxtasis para aquellas personas que después de la levitación de las almas siguen creyendo en esa radiante, emergente, hogareña, cálida, natural vida infinita que seduce y proporciona ese reino universal y galáctico.


Quino ©
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