SUTILEZA Y GEMIDOS (Capítulo IV)




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Fifí después de encontrar la solución al clon de Lázaro.  No se reconoce, ni sabe en que planeta está. Dado que el extraño chico, conoce su nombre y como si la conociera de toda la vida.
Ella, preocupada le pregunta por su nombre y que hace allí.
-  Hola Fifí, por fin te he encontrado.
- ¿cómo?  Responde ella.
-  Si, amiga del alma. Es que ya no me reconoces. Yo soy Jonatan a quien conociste en la facultad.
-  Jonatan… Jonatan… No recuerdo ese nombre.
-  Si te desnudas y ojeas tus nalgas, verás que tienes una J y una F enlazadas por unos aros atravesados con una lanza. Ella, ni corta ni perezosa, se mira las nalgas sin motivo aparente y descubre que en realidad, si tiene grabado lo que él le dice.
- Te das cuenta de lo que llevas? Es que te lo hice yo mismo, hace muchos siglos.
- ¿Cómo que siglos?... Dirás años.
-  Si, si siglos. Lo puedo demostrar.  Escucha peregrina… En que otro mundo de raras cerezas oíste tu voz? En que planeta sideral y de nieve, pudiste ver para saber dónde estabas?… ¿Te acuerdas?
- No, nada en absoluto.
- Intentaré ilustrarte. Yo era raíz de rosa, y me regabas... Tú, el nervio de mis ojos, nos perseguíamos atravesando cuerpos de venas y latidos por pieles de animales, por estambres, escamas, esqueletos y cortezas. Cincelábamos torres, éramos dos en uno con espíritu de lágrimas y sonrisas.
- No recuerdo nada de eso, amigo. No sé que historias me cuentas. Pero no entiendo como sabes tanto de mi y por qué llevo este tatuaje?
- Simplemente que éramos como el día y la noche; lo claro y lo oscuro, las raíces de otro mundo.
- Cada vez me lo pones peor, Jonatan.
- Has dicho mi nombre. Eso ya es algo…
- Y por qué me cuentas todo esto y así de repente. Si ni tan siquiera sé quien eres, ni donde vienes, ni porque nos paramos Lázaro y yo al ver tanta gente.
- Quizás porque es hora de que regreses a tu mundo. Porque eres el símbolo de la risa, el cristo del amor, la humildad global.
- Si eso es así. Quién soy? De dónde vine? A dónde voy? Y por qué ahora me necesitan?
- porque… por…que… porque… soy tu hermano de sangre. Somos del planeta Andrómeda y si no vuelves nuestro mundo dejara de existir. Allí también tenemos oxígeno y agua como en este planeta Tierra. Pero los invasores Policarpio y sus hermanos quieren destruir las galaxias –incluida la Tierra- . Vengo a recogerte y llevarte. Mis días terminan y alguien debe gobernar y dirigir el imperio contra nuestros enemigos. Tú eres la reina por sangre y que puedes vencerlos.
- Oh, Dios !!! y por qué ahora? Estoy muy enamorada de Lázaro. Deseo estar con él toda la vida en la Tierra y me pides que crea en ti -asi como asi- dejar todo y gobernar una galaxia que ni siquiera conozco.
- Hermana, lo siento. Intentamos resistir, que tu vida fuera terrenal que conocieras todo lo que nosotros no vimos. Somos amigos de los terrestres. Y si Lázaro está de acuerdo, puede venir con nosotros. Dado que después de hacer el amor en el cajero se convirtió en un andrómedo más.
Lázaro cuando escucha toda esta conversación queda estupefacto. No daba crédito a lo que oía. Trata de huir. Cómo iba a compartir amor con una extraterrestre. Cómo iba a ser su vida?. Todo un enigma se encerraba y su cerebro barrenaba como nunca lo había hecho. Fifí al ver que se alejaba, le llama:
- Lázaro, todo es muy extraño, insólito. Pero si en realidad me amas… No me dejes sola. No sabría vivir sin ti. Ven toma mi mano, rocemos los cuencos, entrelacemos nuestros cuerpos y que sea lo Dios quiera. Al fin y al cabo. Soy como tú. Vivo como humana, tengo sangre caliente, respiro como tu, y uno sin el otro no somos nada… Lázaro y es que mi alma se acongoja y le faltará esa luz intensa que brillan de tus ojos.
Mientras Fifí y Lázaro seguían hablando no se percataban de que Jonatan estaba herido y que se desangraba.  Las dos almas gemelas se besaron como nunca lo había hecho. El intercambio de fluidos era cada vez más enardecedor…  Eran un solo árbol con ramas verdes, tallo genuino y parecía que ya la flor se asomaba como los capullos se abren, cada mañana al alba con el dios Febo…

No se preocupen, ni piensen por defecto ni por exceso. Traten de pensar por si mismos y verán como entre todos podemos cambiar este mundo. No son los que rigen las naciones, ni las personas adineradas, ni los abanderados de cualquier bandera quienes pueden realizarlo. No, no amigos, no. La sartén por el mango la tenemos nosotros. Sólo hay que atreverse y abandonar ese miedo que siempre nos invade desde que nacemos.  Esta historia está casi finalizando y deseo con toda mi alma que las conclusiones que  deduzcan sean las más objetivas dentro de un mundo tan subjetivo.

Quino© julio 2014
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To be continued...