HALO DEL FUEGO








A la mañana, al despertar
mientras aún estabas
en cama, dormida;
yo escribía palabras
sobre tu cuerpo.

Luego te acercaste...
como si de noche, se tratase;
tú nombre se borró,
tu te asomaste...
y la lujuria brotó.

Entonces dije
con el aliento sólo de mi voz
idénticas palabras
sobre tu mismo cuerpo;
y nunca nadie
pudo tocarlas
sin calcinarse...
como el halo del fuego.

Quino ©
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