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 Imagen de la red



Ya no existe aquella lluvia
que me golpeaba las andanzas,
ni el sol tornasolado
iluminando las tardes coloradas.
Arrumbó la gente que despertaba en madrugadas,
cuyas sudorosas miradas,
desprendían suaves y tibias esperanzas.
Alejadas andan mis ideas
aferradas de la mano
con mis ayeres matutinos.
También se fueron los caminos
con sus torpes acrobacias.
Queda tan poco;
hasta mí casa quiere desprenderse
y viajar como un pájaro aliviado
que no se cansa nunca.
Las plantas y animales
ahora crecen
en las selvas y en las playas.
Las construcciones de cemento
transitaron como trenes
y
arrancaron de raíz
su vana procedencia.
Sólo quedo yo
y mi amiga incondicional
que siempre, me visita.

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Quino ©