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Mostrando entradas de septiembre 22, 2010

CANTO A MI MADRE

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Ese mundo que a solas habité flotando entre lo oscuro donde con Dios viví, fue para mi una incógnita, un tiempo sin distancia, algo intangible, desconocido y nebuloso, perdido entre silencios especiados.
Allí no había palabra que decir, ninguna voz se oía en el silencio. Ninguna mirada que entregar ni un oído para percibir, ni lengua alguna para hablar. Sin párpados ni ojos para ver y sólo atado a un extraño cordón que no podía templar.
Así era mi vida: Simple como una hebra antes de haber nacido. Uno como especie de alba roja y solitario que esperaba.
En nueve meses no dije una palabra ni vi paiasaje alguno. Al aire lo sentí como una bendición, fresco para el aliento de mi piel, tierno como los ruegos de alguien que llevaba adentro y que me amaba.
Tampoco había sombras por los alrededores del vientre por donde mis manos discurrían y mis pies se movían como pestañas rotas.
Entretanto caminaban por mi en la ciudad hambriento, por las calles sedientas, por las aceras lavadas por la lluv…