No es un personaje.
No es un libro.
Lázaro sigue aquí
porque nunca se fue.
Sigue sirviendo a muchos amos,
cambiaron los nombres,
no la hambre.
Sigue aprendiendo
que la moral se exige al pobre
y se negocia con el rico.
Como en La vida de Lazarillo de Tormes,
pero sin literatura.
Sin ironía.
Con turnos de doce horas.
Antes llevaba un ciego.
Hoy lleva papeles que no llegan,
jefes que no firman,
leyes que miran hacia otro lado.
Aprendió a callar pronto.
Eso también se aprende.
Lázaro no roba.
Sobrevive.
Lázaro no engaña.
Se adapta.
Lázaro no amenaza.
Molesta
porque existe
y no baja la cabeza del todo.
Le llaman ilegal
igual que antes le llamaban pícaro.
Siempre hace falta un nombre
para no decir la verdad.
Que el sistema necesita pobres
pero no quiere verlos.
Lázaro sigue aquí.
No porque quiera.
Porque lo necesitamos
abajo.
Y mientras siga aquí,
no hemos aprendido nada.
@Joaquín Lourido

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En el fulgor del horizonte estoy naciendo y soy el día que llega para cuidarte. @Joaquín Lourido