Nacimos del Amor

 



“Nacemos de un abrazo. No de un reglamento, no de una consigna, no de una amenaza. De un abrazo real, imperfecto, humano. Dos seres que no pidieron autorización al mundo para encontrarse. Dos cuerpos que no consultaron ideologías. Dos almas que no firmaron contratos con el miedo. De ahí surge la vida. Todo lo demás vino después.

Y sin embargo, el mundo que nace del amor se empeña en desconfiar de él. Lo vigila, lo mide, lo encierra, lo clasifica. Le pone etiquetas como si fuera mercancía. Le pone castigos como si fuera delito. Le pone fronteras como si pudiera dividirse sin perder su esencia.

Nos dicen que el amor debe ser correcto. Pero ¿correcto según quién?

Nos dicen que el amor debe ser normal. Pero ¿normal según qué historia?

Nos dicen que el amor debe obedecer. Pero el amor nunca nació para obedecer, nació para ser.

Entonces aparece la gran contradicción: quienes dicen defender la vida persiguen el amor. Quienes dicen hablar de Dios condenan el gesto del que nacieron. Quienes dicen proteger la moral utilizan el miedo como herramienta. No es defensa, es control. No es fe, es poder. No es amor, es dominio disfrazado de virtud.

No se prohíbe el amor para proteger a la gente. Se prohíbe para domesticarla.

No se censura la ternura por cuidado, sino por temor a que despierte conciencias.

Porque el amor libre no se arrodilla, no se deja manipular, no se deja usar.

Nos enseñaron a desconfiar de lo que somos antes incluso de conocernos. Nos hablaron de pecado antes de hablarnos de compasión. De culpa antes de hablarnos de respeto. De castigo antes de hablarnos de empatía. Y así el amor dejó de ser una fuerza creadora para convertirse en una batalla interna.

Pero el amor no es guerra. La guerra es la ausencia de amor.

El odio no es lo contrario del amor: es su negación por miedo.

La tristeza no nace del amor: nace de su represión.

No estamos aquí para atacar personas, estamos aquí para liberar verdades. Porque muchas de esas personas también fueron educadas desde el miedo, desde la prohibición, desde el silencio. No son el enemigo. El enemigo es la idea que las separó de su propio origen.

Si nacimos de un abrazo, ¿cómo aceptamos que se enseñe el rechazo?

Si nacimos de un gesto de unión, ¿cómo toleramos que se celebre la división?

Si la vida comenzó en un acto de amor, ¿por qué se educa desde el castigo?

No necesitamos más templos que callen.

Necesitamos espacios que enseñen a sentir sin culpa.

No necesitamos dogmas que estrechen el alma.

Necesitamos palabras que la expandan.

El amor no debe ser defendido como ideología, sino como verdad natural.

Como se defiende el aire que respiramos.

Como se defiende el agua que nos sostiene.

Como se defiende la dignidad de existir.

Tal vez el acto más revolucionario de este tiempo no sea protestar, sino amar con conciencia. Amar sin pedir permiso a los miedos heredados. Amar sin repetir discursos que no nacieron del corazón. Amar sin convertir la diferencia en amenaza.

Porque amar así no destruye a nadie.

Pero sí destruye las mentiras.

Y eso es lo que más temen quienes viven del control.

Nacimos del amor.

Todo lo que lo niegue es una traición a nuestro origen.

Todo lo que lo prohíba es una herida a la humanidad.

Y todo lo que lo celebre es un acto de sanación colectiva.”

@Joaquín Lourido

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